Literatura desde la homosexualidad
Boletín de librería Berkana. Algunos creen que es un debate demodé, otros que está más vigente que nunca. Y por contradictorio que parezca, probablemente todos ellos tienen razón. Para reunir y escuchar a quienes piensan lo uno y lo otro, Editorial Egales y Librería Berkana convocaron en la Feria del Libro una mesa redonda sobre «Literatura desde la homosexualidad: entre normalización y diferencia».Porque es cierto que la percepción de la homosexualidad se acerca a una situación de normalidad, pero siempre conviene recordar que la normalidad es una carretera de dos direcciones, y que no se trata simplemente de que se acepte la experiencia homosexual: hay que aceptarla en su diferencia. A la cita en el Pabellón Martín Gaite acudieron Alberto Mira, Pablo Fuentes, Isabel Franc, Norberto Luis Romero y Leopoldo Alas. También nos acompañaron Susana Guzner, Asia Lillo, Lawrence Schimel, Manuel Ángel Soriano y Luis Corbacho. La reflexión estaba servida. >«Me parece estratégicamente importante hablar de las categorías, y literatura gay es una categoría —arrancó Alberto Mira—. Si no existe la literatura gay, me parece importante hacerla existir». Pero existir, existe. Y «no se trata de una tradición marginal —aseguró Pablo Fuentes— puesto que forma parte de la corriente general, basta ver los títulos del extenso canon que cumple el criterio para ver que hay grandes autores en todas las épocas». Nombres que pasó a evocar.«En esa lista no hay ni una sola mujer», observó Isabel Franc, quien criticó esa misoginia pertinaz: las escritoras lesbianas nunca están, nunca se las menta. En un plano más general, tras acogerse a lo dicho en su día por Eduardo Mendicutti («él habla de mirada homosexual»), Franc aseguró que «lo que hace que la literatura homosexual tenga entidad por sí misma es que hay una historia homosexual» y, centrándose ya en las históricas lésbicas, lamentó su tradicional destino trágico. «Generalmente, acaban en grandes tragedias y la relación que describen está condenada al fracaso por su propia naturaleza». Lesbianas, sí, pero sufridoras y castigadas por el mero hecho de serlo. Antaño, el problema no era tanto que la historia fuera lésbica como que acabara bien. Aprovechó Isabel para lamentar que, al menos en su caso, la etiqueta de «escritora lésbica» haya matado a todas las demás y que apenas ahora se la empiece a considerar lo que realmente es, una escritora humorística. Porque el humor es una transgresión, aunque, claro, no la única. «No sé si estoy de acuerdo con hablar de una literatura gay y lésbica. —Fue Norberto Romero quien introdujo la duda—. En mis obras al menos lo que hay es un trasfondo, una segunda lectura. Lo fundamental es que sea una cultura transgresora y no que se pegue a las normas, que es lo que está ocurriendo ahora». He hizo una confesión: «si hubiera seguido viviendo en Argentina, probablemente no hubiera escrito las novelas que he escrito». Aprovechó además el autor para lamentar (¿hay algún crítico en la sala?) que cuando sus novelas se publican en «una editorial de temática gay, los críticos ni se fijan», como si el sello editorial la condenara independientemente de sus valores intrínsecos. «Lo que me molesta —apuntilló, ya metidos en harina, Alberto Mira— es que cuando una novela es gay y poco ambiciosa se la margina mientras que cuando es poco ambiciosa pero no gay, entonces sí se le da una oportunidad. A quien hay que normalizar es a los críticos». En la mesa, cerró la ronda Leopoldo Alas. «No me molesta que me digan “escritor homosexual”», aseguró, para luego aseverar que «la literatura gay de la visibilidad es una literatura testimonialista». Ya en el turno de preguntas, tomaron la palabra, además de algunas personas del público, los autores que nos acompañaron desde la «fila 0». «Yo no recuerdo literatura latina que tocara el tema directamente o de refilón —reconoció la veterana Susana Guzner—. En cualquier cadena la mujer lesbiana es el último eslabón, y en la cultura igual». Apreciación que encontró llamativo contraste en la juventud de Asia Lillo. «Cada vez hay menos drama, y eso se va a notar en todos los campos, somos muchas las que vamos a salir con esa etiqueta y todas las que quieran ponernos. Además, las editoriales generalistas se están sumando a publicar este tipo de obras». El futuro es nuestro.
