PSEUDOGHETTO Sección noticias

August 23, 2006

Mujer que vivió 40 años haciendo el papel de hombre dice que no se quiere esconder más

Filed under: Noticias - Administrator @ 10:05 am

María Paulina Ortíz / El Tiempo BOGOTÁ Colombia. — Desde el año pasado dejó de ser Carlos Valdivieso Nougues. Hoy es Carolina Valencia, una cineasta exitosa. Este miércoles muestra dos cintas en el Ciclo Rosa. En su noche de bodas, hace nueve años, cuando vio a su esposa recostada en la cama, con su vestido blanco, pensó: -Yo quiero ser ella. Carolina Valencia mueve sus manos de dedos largos y llenos de anillos. Abre más sus ojos verdes y pregunta: -¿Tú sabes todo de mí? La respuesta negativa la anima a continuar. -Soy una transexual. Odio ese término porque centra todo en el sexo, y el problema no es sexual. Es de género. -¿Qué termino prefiere? Piensa unos segundos y dice: -Mujer. Hasta el año pasado, Carolina Valencia era Carlos Valdivieso Nougues. Nació en Cúcuta hace 50 años y hace 34 vive en Canadá. Hoy está de nuevo en el país, invitada por el Ciclo Rosa 2006 en el que ella, como directora, presentará dos de sus películas: Las dos Cubas y Brujería. Pero antes de hablar de eso, Carolina echa el rollo atrás: -Éramos una familia de plata. Teníamos una casa grande, con un jardín inmenso. Una tarde, tendría yo 3 años, jugaba desnudo con una vecina. Cuando vi nuestro reflejo en el ventanal, le dije. "Yo soy como tú". Pero ella me dijo: "No. Tú no eres como yo". Ese fue el primer trauma que experimenté en mi vida. Y lo tengo todavía presente. Carlos, entonces, se entretenía con la ropa de sus hermanas, probándosela cuando ellas no estaban. La vida en casa no fue sencilla: -Mi padre venía de una casta de machos. Mi abuelo era el general Manuel María Valdivieso Valencia. Una familia de militares, políticos, fiscales… No cabían los hombres diferentes. Y no es que yo fuera un niño muy femenino, era que tenía una sensibilidad distinta. Quería ser como mis hermanas. -¿Se lo contó a alguien? -¿Pero a quién? Si hasta las niñeras me regañaban cuando me veían vestida de mujer. En todas partes sentí rechazo. En el colegio me gritaban marica. ¿Y sabe cuál fue mi salvación? Mi salvación fue que a mi padre le gustaban las películas de John Wayne y las llevaba a casa. Un día, empecé a imitar a Wayne. Ensayaba frente al espejo. Aprendí a hacer el papel de hombre y lo hice por 40 años. Entré a los grupos de amigos; empezaron a aceptarme. Aunque me veía distinto. No me salía barba, por ejemplo. Papá, preocupado, me llevó al médico. Me recetaron testosterona, pero yo me negué. -¿Le gustaban los hombres? -Me parecían bruscos, feos, sucios. De uno, quizá, sí me enamoré. Pero me di cuenta 30 años después. Las mujeres me parecían lindas, fabulosas. No tenía novias, pero sí millones de amigas. A la casa de los Valdivieso, acostumbrada a la opulencia, llegó la quiebra económica. Sus padres perdieron mucho y lo poco que les quedó lo vendieron para irse a Canadá y empezar de nuevo. A los 20 años, volvió el "fantasma", como ella dice. El médico de allí les recomendó un psiquiatra. Cuando Carolina le explicó lo que sentía, él simplemente le dijo: -Si usted es transexual, pruébemelo. Venga mañana vestido de mujer. Carolina (aún Carlos) reunió arrojo y le dijo a su padre lo que quería hacer: cambiar de sexo. "Él se volvió nada. Se culpó. Entró en depresión. Mi madre me dijo: "Si te cambias de sexo, vas a matar a tu padre". Me sentí encadenado por siempre, por ese amor que le tenía". Carolina miró, entonces, hacia otro lado. Conoció un hindú yogui que la condujo hacia esa vida. "Viví dos años como monje. Hasta que un día le dije a mi gurú que quería ser artista. No le dije que quería ser mujer". Volvió a casa. Al principio sus padres no lo reconocieron: "El yoga prendió mi motor endocrino. Me salieron pelos, no muchos; los hombros se hicieron más anchos. La voz me cambió más. Me volví hombre. Me pareció rico, porque las mujeres empezaron a mirarme. Pero dentro de mí algo no me gustó". -¿Tenía novias? -Muchísimas. Vivía a través de ellas, envidiándolas. Su cuerpo me fascinaba. (Tal vez soy una lesbiana innata, no sé). Sabía lo que las mujeres querían sexualmente, porque era lo mismo que yo quería. Así que era muy buen amante. Ellas se enamoraban de mí. Pero luego, buscando ser aceptado, les contaba lo que yo era. Y las relaciones se acababan. Al mismo tiempo, desarrollaba su profesión de artista. Estudió ilustración, estética, animación y empezó a vincularse en la producción de videos y películas. También entró en las drogas: "Era la única forma que tenía para que el fantasma me dejara libre. Pensaba que si me suicidaba con la coca mi padre no sospecharía que me había matado porque odiaba mi vida, sino porque me había vuelto drogadicto y se me había ido la mano…" Carolina calla. Sus ojos sueltan lágrimas. Luego sigue: -En tres años me gasté más de 150 mil dólares en coca. La nariz se me destrozó. La gente ya no me reconocía. Un día intenté suicidarme con pepas. Una vecina amiga me llevó al hospital y el doctor me envió a un psiquiatra que me entendió. Me dio hormonas. En el transcurso de un mes mi ánimo cambió. Empecé a sentir que mis senos crecían. Me ponía brasieres bien pegados; a veces me dolía. Pero me sentía volando. Y pensé: bueno, de pronto puedo vivir dos vidas. Las estoy viviendo ya. Conoció a una mujer de la que se enamoró. Le contó su verdad, y ella la aceptó "a medias". Le propuso matrimonio y ella le dijo que se casaba si le prometía dejar las hormonas. "Nos casamos. Pero no funcionó. Las hormonas empezaron a hacerme falta. Nos separamos en el 2000". Por razones de trabajo, en esos años Carolina debió viajar por el Caribe a hacer videos. "Me interesó hacer una película que llamé Las dos Cubas, un retrato sobre la vida de dos gays en la isla". En La Habana conoció un babalao (sacerdote santero) que marcó su destino: -Guillermo, es su nombre. Le dije que quería hacer un reportaje sobre santería. Aceptó y me explicó que había que hacer una investigación para que el oráculo hablara sobre mí. En medio de la ceremonia empecé a sentirme rara. Lo que me dijo me desencajó. "Tú vives con un pie en un mundo y otro pie en otro. No vas a ser feliz si no te defines", me dijo. Carlos Valdivieso volvió a Canadá decidido a ser Carolina Valencia. Llamó a sus amigos y familiares. "Buscaba soporte, pero no encontré. Todos desaparecieron". Lo siguiente que hizo fue ponerse una blusa y salir a la calle. Llamó a los productores de la película (la CBC en Estados Unidos) y les contó. Ellos le dijeron: siga adelante con la película. -Cambié mi ropero. Gasté miles de dólares en ropa. Pasé un mes tratando de salir con falda. No sabía cómo caminar ni cómo hablar. Tuve que empezar a recordar cómo era yo antes de los 10 u 11 años, cuando me volví el macho ese. Cómo caminaba cuando me decían que estaba pareciendo maricón. -¿Por qué eligió Carolina Valencia? -Yo pensaba siempre en ese nombre para el día que me volviera mujer. Era mi "alter ego". O, más bien, era la verdadera yo. -¿Se operó? -Me operé la manzana de Adán, que es un cambio sobre todo cosmético. Estoy planeando la otra operación, del sexo. Es un cambio que he deseado todos los días de mi vida, pero quiero hacerlo con calma. No me gusta mi cuerpo. Tengo una cosa ajena, que no encaja. Vendrá pronto la operación. -¿Está contenta como es ahora? -Por gracia de Dios, por el destino, por carambola, llámalo como quieras, me encontré a mí misma. Si me ofrecieran todo el dinero por ponerme otra vez ese manto masculino, no tendrían plata. Tu verdad no tiene precio. Y no es que me haya convertido en lo que soy hoy. Es que ya no tengo máscara.

3 Comments »

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  1. Que relato más conmovedor,me impactan sobre todo las palabras del final. Espero que a Carolina le vaya muy bien en su nueva y autentica vida.

    Comment by Cicutarsenica — August 23, 2006 @ 2:07 pm

  2. Hola nuevamente cicuta:
    Si totalmente conmovedor, el remate final es lo más fuerte. Hay un especial dedicado a ella en la página del ciclo de cine rosa que está pro empezar en Colombia: http://www.ciclorosa.com/index.php?option=com_content&task=view&id=117&Itemid=88. Lo de las máscara me hizo recordar a un libro de Mishima donde hablaba sobre la vida como un teatro y el personaje como “una máquina de fabricación de falsedades” con la cual no se hallaba a gusto; bueno como cualquiera que no se sienta cómodo o cómoda con algún aspecto de su vida, y en este caso el género, o incluso la manera como muchas lesbianas viven en un “doble standard” y a disgusto.

    Comment by Administrator — August 23, 2006 @ 3:01 pm

  3. yo soy mujerr y tengo manzana de adan, en serio soy mujerr y ess dificil andarr hacii ocultaando algo que note corresponde corporalmente y me lastima muchoo y mi autoetima esta por los cieloss que hagoooooooo

    Comment by yeny — March 21, 2008 @ 8:53 pm

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