Londres. (The Guardian). Mark Latham es el ex líder del Partido Laborista australiano. En una oportunidad, le rompió el brazo a un taxista por lo que intentaba cobrarle. John Prescott, el ex primer ministro británico, una vez le pegó una tropada a un hombre que le había tirado un huevo. Son dos hombres enormes.
Latham acaba de escribir un libro en el cual la cita clave es: “Los machos australianos fueron reemplazados por hombres al borde de un ataque de nervios y metrosexuales”. Continúa: “En vez de llamar espada a una espada, nuestra conversación nacional se centra en palabras débiles y pretensiones de educación”.
Concentrémonos en los metrosexuales. Podemos ser todo lo maleducados que querramos: no nos van a pegar. La palabra “metro-sexual”, como la palabra “post-irónico”, ingresó en el idioma sin que sepamos exactamente qué significa.
A “post-irónico” no la cuestionaron porque el concepto de “ironía” era tan fuerte, tan completo y su comprensión tan sine qua non para la mente sofisticada, que lo único que había que hacer era decir este conjunto de letras para que todos lo presentes miren al techo y silben, asustados de acercarse a la palabra por miedo a no haber entendido el punto y quedar como estúpidos.